Hace nueve meses te dejé ir...
Quisiera pensar que esta carta te llegará, la entenderás y ronronearás al saber que es para ti.
La vida cambió mucho desde que te fuiste: El abuelo te extraña mucho, al principio evitaba el tema, pero con el tiempo volvió a compartirme las fotos que tenía de ti, de nosotras. La planta donde te solías sentar, esa de flores moradas fue apagándose hasta morir, como sucedió contigo...
Con el tiempo encontraba cada vez menos cosas de ti: Decidí que lo mejor era regalar tus cosas para que otros gatos pudieran aprovecharlas. Guardé el último ratón, tu placa y la iguana que fue tu compañera de crecimiento; pensé que ya no volvería a ver algo tuyo, cuando por sorpresa dejaste recuerdo de tu pelaje justamente por el gusto que tenías por el protector de la tablet... Gracias por no hacerme caso y recordarte en él, porque así tuve ese souvenir.
Quisiera decirte que ya no duele, pero en realidad mientras escribo este mensaje las lágrimas me nublan la vista: Ahora ya no me siento culpable por tu partida, y eso hace que sea más llevadero recordarte, pero dudo que 12 años se reduzcan a un simple recuerdo.
¿Sabes cuándo me preocupé? Cuando me di cuenta que estaba olvidando tu olor, tu calorcito, tu manera de arrunchar y amasar, y tu maullido: Me angustié ¿Cómo era posible perder en mi memoria lo poco que quedaba? Curiosamente encontré calma al darme cuenta que ningún otro gato que conociera sería igual a ti, y que en esa idea era normal que los sentidos fueran perdiendo tus características.
Dudé mucho pero hace dos meses decidí que quería volver a compartir mi vida con un gato y fue un desastre: Entre fundaciones con cientos de requisitos (En parte les entiendo) , grupos de adopción que nunca contestaron y gatos con quienes no había click me rendí: Tenia ganas de adoptar a uno que realmente lo necesitara pero que llegara a mi vida con la facilidad con la que tú lo hiciste, pero todo parecía apuntar que eso no iba a suceder así que desistí de la idea.
Hace un mes y tres días, camino a entregar un pedido de aquel emprendimiento donde tú eras supervisora de cajas pasó lo impensable: Encontré un gatito acostado en la calle, sociable a la par que extremadamente delgado y con dos heridas profundas en su cabeza; Puse mi pie a su lado e inmediatamente lo tomó como almohada, le consentí con mucho temor (Como nunca había sentido al consentir a un felino) Y decidí que si me recibía comida y afectos lo llevaría a casa (Para curarlo o tenerlo)
Pregunté por él en el local cuya entrada reposaba, me dijeron que era de por ahí y que venía cada tanto ¿Cómo puede alguien proclamarse dueño de un gato cuando éste se encuentra delgado, herido, sin esterilizar y sin algún tipo de identificación? Le di algo de comer, lo recibió como si fuera su comida en días, tomé una caja y nos fuimos a casa. Ya no estaban tus cosas Monchis, así que nos acomodamos a él como pudimos y lo único que quiso los primeros días fue comer de a pocos y dormir.
Esta mañana me desperté con sus maullidos tipo Helenita Vargas y peticiones de cariño: Su visita al veterinario, los cuidados y la evolución posterior han dado vida a ese gato que ya se ve más grande y robusto, y calidez a mi corazón; me recuerda a ti en su calma y algunos gestos, pero de resto es un ser totalmente diferente: Hace poco encontró tu ratón y no ha parado de jugar con él, ama el catnip y destrozar cajas... Es el hermanito que siempre quise que tuvieras pero no pude brindarte.
Quiero pensar que en algún lado estás y ya sabes de tu hermano, Moka; que guardo tus collares y que te pienso cada tanto... Quiero creer que estarías feliz de ver al pequeño atigrado que ahora acompaña mi vida, y que tú sabrás que sin tu paso en mi vida Moka no tendría un amor y cuidado tan prudente y oportuno.
Tu iguana, tu placa y tu recuerdo siguen acá, recordándome que valieron toda la pena del mundo esos 12 años juntas... Te esperaré en el próximo souvenir.

